(Narrado por Gackt)
Hacia unos días que había escuchado de un nuevo descubrimiento de la empresa. Al parecer, la PSC tenía mercancía nueva para lanzar al mundo de la música; pero nunca había visto al chico y debía admitir, que la curiosidad me estaba matando.
¿Por qué?
Muy simple
Había escuchado que era un chico encantador, pero también de alguna forma insoportable.
Más de una vez había visto pasar al manager refunfuñando porque el niñato no se dignaba en obedecer nada. Cosa que me causaba mucha gracia.
Un día, por fin, lo vi.
Lo que parecía ser un chico de unos 18 años se paseaba por los pasillos de la empresa, tranquilamente montado en un par de patines, gritando estupideces y vestido estrafalariamente. Supe que era él, porque detrás suyo iba el manager y nada mas que el presidente de la compañía gritando.
-¡¡¡¡MIYAVI!!!! ¡¡¡TIENES PRUEBA DE VESTUARIO Y MAQUILLAJE!!! – corrían todo lo que podían tratando de alcanzarle.
-¡¡¡¡NO!!!! ¡¡Ya te dije que esa ropa no me gusta!!- les contesto infantilmente, mientras esquivaba a la gente que había por ahí.
Finalmente sucedió lo inevitable, y terminó chocando contra una pared y cayendo sentado en el piso
-¡¡Auch!! Demonios… – se quejo infantilmente, mientras recogía su gorro y gafas que habían salido volando. Fue entonces que pude ver su rostro… “hermoso”… Fue lo único que paso por mi mente al ver al chico.
Su manager y el presidente le alcanzaron y lo levantaron mientras le regañaban, el manager le saco la chaqueta para ver si no se había lastimado. Traía una playera de maya pegada al cuerpo, lo que me dejo sin habla.
Tenía un cuerpo delgado, bastante tentador; unas piernas largas y sexys, y ese hermoso rostro; bien podría pasar por una chica. Me quede boquiabierto mientras lo veía irse, arrastrado por su manager hacia la sala de maquillaje.
Lo seguí, me asome cuidadosamente por la puerta viendo como hacía berrinche para evitar que lo peinaran. Finalmente terminó cediendo cuando le amenazaron con quitarle la guitarra negra que estaba cerca suyo; aun así me causó mucha gracia ver que no paraba de quejarse debido a que le picaba la cabeza con las extensiones que le colocaban.
Después de muchas peleas, el muchacho estuvo listo para su sesión de fotos. Varias veces me recordé a mi mismo cerrar la boca al verlo posar tan sensualmente frente a la cámara.
Ahí fue donde decidí que el niñato seria mío.
Debía poseer ese cuerpo y tener ese sonriente rostro deshaciéndose en gemidos únicamente para mí.
Deseaba tocar cada parte de su piel y besar sus labios hasta que me cansara. No le conocía en lo mas mínimo, pero el deseo que despertaba en mi el simple hecho de verle, me carcomía por dentro.
Dedique los siguientes días a observarle, sintiéndome cada vez mas atraído por la sensualidad que emanaba de él inconscientemente. Deseándole cada día mas hasta que, un día, no pude resistirlo mas.
Lo vi llegar corriendo solo y, al tratar de interceptarlo en la entrada del edificio, terminó chocando conmigo. Le sostuve antes de que cayera al piso.
Cuando mis brazos rodearon su fina cintura, perdí la cordura totalmente. No quería soltarle, así que ignore todos sus intentos por liberarse y lo provoque un poco, sabiendo lo infantil de sus reacciones.
Quería divertirme pero, cuando su rostro estuvo frente al mío, viéndole sonrojado y nervioso, no pude controlarme más y lo besé.
Mientras lo hacia sentía sus inútiles intentos por alejarme, y vi que mi chofer llegaba por mi para irme a la entrevista que daría esa tarde; así que le solté, provocándole un poco mas y me marche del lugar. Dejándolo ahí con el rostro confundido cosa que, para qué negarlo: me encantaba.
Los siguientes días no pude evitar molestarlo, coquetearle y tocarlo “accidentalmente”.
Su actitud infantil y orgullosa me ponía mucho. Él mismo sin saberlo, estaba convirtiendo este juego en una cacería muy divertida para mí.
Disfrutaba especialmente cuando lo besaba de sorpresa en los pasillos. No había hecho más que eso porque aun trataba de controlarme un poco, pero pronto note que cada vez lo veía menos.
Ya no le veía pasear haciendo travesuras por toda la compañía, ni veía a su manager sacarlo de la sala de ensayo de los gazettos. Comprendí entonces, que me estaba evitando.
“¿Así que eres un pequeño cobarde?” pensé divertido “Bien, no escaparas de mi tan fácilmente”
Sonreí maliciosamente, finalmente lo haría; el hecho de que huyera me había provocado desearle mas. Decidido; ya no me contendría mas, ese niñato, definitivamente seria mío.
¿Nunca se habían obsesionado con algo o alguien?
Bien, pues era la primera vez que me pasaba. Nunca nadie se había resistido antes y este chico lo hacia. Más aun, era infantil e inmaduro pero encantador, sensual y muy tentador. Aunque, al parecer, él no se daba cuenta de ello porque, el hecho de que se sonrojara cada vez que yo le hacía algo, me demostraba su poca o tal vez nula experiencia en esas cosas y, si ese era el caso, lo disfrutaría aun mas.
Podía imaginarlo gimiendo mi nombre fuertemente mientras yo tomaba su cuerpo una y otra vez, disfrutando de su suave piel, jugueteando con su largo cabello y de esos apetecibles labios; tironeando suavemente de ese piercing.
Si, definitivamente no habría más jueguitos. Sería mío.
Y sucedería a la menor oportunidad que tuviese de someterle; cosa que me excitaba y me hacía divertir sólo de pensarlo. Un muchacho loco y testarudo, desobediente y respondón, sobre todo infantil y orgulloso, doblegándose ante mí… Definitivamente, seria mi mayor triunfo.
Seria mío. Ya no había vuelta atrás.
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