Sakura
Di otro giro en la cama y metí la cabeza bajo la almohada por quinta vez en… tomé el celular y revisé la hora… tres horas sin poder dormir. Solté un gruñido, a pesar del tiempo, los años y la experiencia, el hecho de no poder conciliar el sueño la noche anterior a un concierto no cambiaba. Gruñí por lo bajo.
Estaba viejo ya para ponerme nervioso, pero ahí estaba sin poder cerrar los ojos… Dejé salir un largo suspiro y me rendí sentándome y mirando la pantalla del teléfono. Sonreí ante los recuerdos que se arrojaron a mi mente como clavadistas de un risco, entraron rápido, de golpe, como si mi mente supiera exactamente lo que quería y me estuviera recordando los pasos para conseguirlo.
Años atrás cuando no podía dormir, tenía la costumbre de enviarle mensajes sucios a Hide y como el par de calientes idiotas que fuimos siempre cuando estábamos juntos, el respondía. Nos reíamos mucho después si es que no terminábamos corriendo y buscando un hotel para vernos. Me pregunté si… La verdad no lo pensé demasiado. Deslicé el dedo por la pantalla para desbloquear el teléfono y tras encontrar su número, comencé a escribir con una sonrisa, estoy seguro que bastante estúpida, en el rostro.
“no se quien está más despierto, yo o mi amigo, dale su beso de buenas noches?”
Presioné ‘enviar’ notando que si bien, cuando decidí escribir el mensaje no lo estaba, la perspectiva, los recuerdos o la mierda que fuera la razón, estaba ahora necesitando un pantalón algo más holgado. Era fácil excitarme pensando en Hide. Siempre lo había sido, a pesar de los años nadie había logrado ejercer en mi ni la mitad de la fuerza de atracción que siempre tuvo él sobre mí. Cuando pensaba que por un milagro de la vida el parecía prisionero de un enorme deseo por mí también, me quedaba claro que no podía exigir más suerte, aquello tenía que ser una acumulación de la que me tocaba para toda mi existencia. Toda enfocada en Hide y en el hecho de que el parecía feliz, tanto como yo, de pasar el tiempo conmigo.
No habían pasado dos minutos cuando la vibración en mi mano me sacó de mis pensamientos, bajé la mirada para encontrarme con la notificación de mensaje brillando en la pantalla. Sintiéndome ridículo por la velocidad con la que abrí el mensaje, que rayaba casi en la desesperación, comencé a leer.
“Yo sí sé…”
La decepción ante su corta respuesta me duro un eterno segundo que fue lo que tardo el celular en vibrar nuevamente. Un audio.
Solté una carcajada cuando el sonido de un beso de esos que suenan a succión que se prolonga un par de segundos sonó en la hasta entonces silenciosa habitación.
“Ya-chan, es para tu amigo, no para ti, no te atrevas a robarte el beso”
Reí.
“Ven a asegurarte que llegue a su dueño entonces, yo no prometo nada” Tecleé de forma ansiosa y rápida, pocas veces estos juegos habían terminado en algo… pero había pasado tiempo desde la última vez que nos habíamos visto… o caído victimas de nuestros propios juegos. Si él decía si… No era una posibilidad que yo estuviera dispuesto a perder.
La respuesta fue inmediata.
“hum… tienes concierto mañana, ¿verdad?” El hecho de que me conociera tan bien me hizo sonreír como un imbécil y agradecer que me encontraba solo en esos momentos.
“¿Dónde estás?”
“Oye! ¡No puedes venir! Además, aun no dije que si…”
Reí.
“Entonces dime que sí y buscamos a donde sí puedo ir… o tu”
“Tienes chocolates para mí?” Me reí más, aquella era la forma en que decía “si” sin decirlo, en que aceptaba “bajo sus propios términos” el juego que yo había iniciado. Más ansioso que nunca escribí todo lo rápido que me permitían mis dedos.
“Si… y te conseguiré más de camino a…?”
Una última vibración del teléfono me hizo levantarme de la cama de golpe y comenzar a vestirme.
Hyde
Estaba hecho, tras unos segundos de duda había enviado la dirección de un hotel que quedaba en medio de donde sabía que Sakura se estaba quedando. No pensaba admitirle que desde el primer mensaje estaba listo para decir que si, recordaba perfectamente nuestros juegos nocturnos que apagaban los nervios de mi Ya-chan de salir a escena. Estirándome un poco y haciendo el menor ruido posible para que nadie notara que me había ido, me vestí y salí buscando un taxi.
Por la hora no fue fácil encontrarlo, pero tras unos minutos estaba ya en camino, le había pedido a mi ansioso… lo que sea que fuéramos Sakura y yo luego de tantos años, llegar al lobby del lugar, no quería tener que reservar al teléfono y dar mi nombre, al menos así firmaría él y nos ahorraríamos algunos problemas. Sakura y yo nunca nos habíamos dejado del todo… pero era complicado vernos, podían pasar muchos meses antes de que alguno tuviera espacio, oportunidad, tiempo o simplemente ganas. Y esa era la única razón por la que salir corriendo en medio de la noche no era raro en mí, cuando uno tiene tan pocas oportunidades de algo, hay que tomar las que se presenten en el acto.
No era novedad para mi recibir mensajes así de su parte, ni responderlos, pero si salir como un loco a verle. Me mordí el labio, nunca había comprendido del todo que era lo que me atraía de forma tan fuerte hacia Sakura, era algo que simplemente había pasado. Era la única persona con la que podía ser yo mismo de forma completa y pocas, muy pocas veces sentía vergüenza de algo con él, alcanzar esa comodidad con alguien era mi milagro personal. Uno del que estaba consciente que no se repetiría jamás.
Observaba ansioso mi teléfono y como los minutos iban cambiando, ¿en qué momento pasé a ser yo el ansioso, desesperado y caliente? Me reproché a mí mismo mi poco autocontrol, Sakura era para mí un buen plato de comida, no podía evitarlo, no quería, si lo tenía en frente, yo comía.
Y despertar a media noche con un mensaje subido de tono me había despertado bastante el apetito.
Sakura
Entré en el hotel casi corriendo producto de mi ansiedad y una bolsa de chocolates que había pasado a comprar en el camino, la distancia entre mi hotel y éste me dejaba saber que Hide no desconocía donde me estaba quedando, me hacía feliz que estuviera pendiente.
Caminé directo al lobby y cierta rubia cabeza no me pasó desapercibida mientras su dueño se escondía detrás de las solapas de una chaqueta oscura y unas enormes gafas también oscuras, sonreí y dejé caer en su regazo la bolsa de golosinas al pasar por su lado para ir a pedir la habitación. Luego de firmar, caminé sin mirarle hacia el elevador y presioné el botón.
Para cuando las puertas se abrieron, sabía que Hide me había seguido y estaba detrás de mí, entramos solos y en silencio al elevador, debido a las altas horas de la noche, gozábamos de la privacidad. Me giré y sonreí al verlo ya con un chocolate en la mano, listo para darle la primera mordida.
- ¿no puedes esperar? – pregunté mirándole de arriba abajo, ya me sentía duro, si su simple presencia me excitaba con todo y que apenas se veía algo de su famoso rostro gracias a las gafas y la chaqueta. Aun así, lo conocía lo suficiente para saber que estaba rodando los ojos con fastidio, a Hide no le gustaba que le cuestionaran nada, pero rara vez se quejaba.
- Mira quien lo dice, ¿soy yo el que no puede esperar? – su tono burlón no me pasó desapercibido, reí, tenía razón, el bulto en mi pantalón era evidente, en especial para alguien que me conocía tan bien. Sin pensarlo demasiado me acerqué a él por la espalda y lo abracé apoyando mi barbilla en su hombro, el como siempre, me dejó hacer lo que quisiera sin inmutarse, estaba bastante acostumbrado a mis formas de demostrar afecto ya.
- Tienes razón… soy yo quien no puede esperar… Hide…
- Hum? – murmuró masticando lo que estaba seguro, era un enorme trozo de chocolate. Sonreí, si había sido siempre así y a pesar de los años esas actitudes de niño no se iban, a veces me desquiciaban, pero la mayor parte del tiempo me eran divertidas y adorables. Encontraba en cada ocasión la maravilla que era, a pesar de todo, que Hide siempre dijera que sí, le había visto en incontables ocasiones negarles a otros, peticiones infinitamente menos riesgosas, en cambio, a mí nunca me negaba nada, a pesar de todas las veces en que le hacía llorar, a pesar del lugar… a pesar de los años. Juguetonamente le apreté contra mí y por el casi imperceptible saltito que dio, supe que había sentido el nivel de mi excitación en esos momentos – estamos en un elevador…
- Y en plena madrugada, nadie aparecerá… - murmuré mientras mis manos rodeaban sus caderas hasta llegar al botón de sus pantalones para comenzar a abrirlo. Como siempre, aunque con las mejillas encendidas por la vergüenza, no hizo nada por detenerme - ¿podemos…?
Tras un suspiro, en el que adivine que mordería su labio inmediatamente después, asintió y me dejó abrir sus jeans, momento que el uso para devolver el chocolate abierto a la bolsa con el resto de las golosinas y dejarla caer al suelo. Apoyó su cabeza sobre mi hombro dejándome ver sus ojos cerrados y su lengua pasándose por sus labios. Conocía ese gesto, el me deseaba tanto como yo a él, era una verdad que no dejaba de hacerme sentir especial en cada ocasión. Que Hide me quisiera siempre había aportado un alto porcentaje de sentido a mi vida.
Respirando en su oído, dejé que mi mano entrara directamente bajo su ropa y entre sus piernas para comenzar a masturbarle con suavidad, y, con la mano que tenía libre aproveche para tocar lo que la posición me permitía por debajo de su playera. Amaba la piel de su abdomen, amaba los sonidos que mis toques provocaban y verle jugar con la lengua de forma seductora. Amaba todo lo que era él y todas las sensaciones que traía a mi mundo.
En un pequeño arranque de lo que adivine, era desesperación por mas, se giró para rodear con ambos brazos mi cuello y enredar su lengua con la mía dentro de su boca, mis manos de inmediato se dirigieron a su trasero y mi cuerpo le empujó hacia una de las paredes del elevador.
- Ohm… - aquel sensual ruidito saliendo de su boca me puso más duro de lo que ya estaba, ¿en qué momento me había convertido en un esclavo de mi deseo por otro hombre? No lo sabía, pero no me arrepentía de nada, no podría, no si Hide era el premio por todo. Sonriendo ante esa línea de pensamiento alcancé con la mano extendida a presionar el botón que detiene momentáneamente el elevador- oye… no falta tanto para nuestro piso…
- Falta más de lo que puedo esperar – respondí levantando su playera lo que pude para morder uno de sus pezones, sentí sus dedos enredándose en mi cabello de inmediato, cosa que me encantaba.
- Ay… - dios, como lo deseaba… le di una sonrisa traviesa con cero arrepentimientos y mis manos volvieron a su entrepierna, pasando de largo su pene para ir a su parte trasera y enterrar con suavidad dos dedos en su interior, el de inmediato busco abrir las piernas un poco, aunque gracias al pantalón a medio bajar no logró más que un par de centímetros, pero fueron suficientes para que pudiera jugar con él un poco – Yaa- chan… - sus dedos se apretaron en mi cabello causándome alguna pequeña molestia, cosa que carecía de importancia en aquellos momentos en que solo deseaba más de él – hm… déjame hacer algo también… - se quejó al verme arrodillar frente a él para acercar mis labios a su erección. Me relamí mirándole desde mi posición.
- Estamos en un elevador… no hay tiempo – respondí divertido, la verdad era que deseaba verlo perderse con lo que yo le hiciera, dejarlo hacer que me perdiera yo no era opción en esos momentos. No cuando ansiaba sus gemidos con tanta desesperación.
- ¿y de quien… es… hm la culpa? – Se inclinó ligeramente sobre mí al soltar un gemido de placer cuando en lugar de responderle, me metí su miembro a la boca y comencé a jugar con la punta, dando succiones y pequeños besos – hmgn… hazlo ya… jamás te perdonaré si entra alguien ah o si vienen a ver p-porque mierda el elevador no funciona…- volvió al ataque en cuanto se recuperó un poco, sacándome una ligera risa, yo deseaba alargar cada segundo que tuviera a su lado, pero aquello era una locura, elevador, elevador, elevador… debía obligarme a recordar donde estábamos. Suspiré resignado y tras darle una última succión a la punta de mi sonrojado amigo y retirar cuidadosamente mis dedos de su cuerpo, me levanté. Sus ojos me miraron con deseo, sabía que su prisa no era sólo por miedo de ser descubierto, era porque ya no quería esperar más para sentirme, Hide era ansioso, en especial con el sexo.
- Date vuelta…- le pedí acercándome a sus labios que de inmediato se pegaron a los míos – hm… te extrañé demasiado… - murmuré apoyando mi frente en la suya y dejando que sus inquietas manos me abrieran el pantalón – pensé que no debíamos tardar…- sonreí al adivinar sus intenciones. Me sonrió coquetamente antes de arrodillarse frente a mí y bajar de un tirón mi ropa hasta dejar libre la parte que le interesaba.
- Es lubricación – respondió con descaro antes de meterse a la boca mi entrepierna y soltar un suspiro de placer, las maravillas de mi mundo… encabezadas por el hecho de que él me deseara a mí. Disfrutamos aquello por unos pocos minutos antes de que mi ansiedad me hiciera detenerlo y sus ojos se clavaran en los míos con una mezcla de cariño y ardor – Ya-chan…
- Te deseo… - se me escapó a pesar de que no solía decirle esas cosas, él sonrió para ponerse de pie de inmediato y apoyarse contra la pared dándome la espalda.
- Entra… ya no puedo… sabes que odio la previa… - susurró fingiendo molestia. Yo sabía que no le molestaba en lo más mínimo, aquello era la ansiedad hablando. Aun así, no había demasiado tiempo para juegos, por lo que me acerque a él y asome mi rostro sobre su hombro para poder besarlo mientras me frotaba entre sus nalgas haciéndole temblar ligeramente por la expectativa – ahm… ah entra… entra…
- Como ordene Hyde-sama – bromee en su oído mientras buscaba acomodarme para empujar dentro de él.
- No… ahhh me digas a-así… - reprochó de inmediato a pesar de que obviamente su cuerpo no estaba conectado con la molestia en su cabeza, la tensión de sus manos intentando enterrarse en la pared metálica del elevador me lo confirmaba. Le besé la mejilla y atrapé su cadera con ambas manos para terminar de introducirme en su cuerpo – hum… si… muévete… muévete… - pidió con insistencia empujando su cuerpo hacia mí. Sonreí, habría querido jugar un poco, pero lo necesitaba demasiado, así que obedecí.
Pronto lo único que escuchaba era el característico sonido de piel chocando de forma rítmica y mis gruñidos opacados por los gemidos que amaba escuchar salir de su garganta, amaba saber cuánto disfrutaba de mí.
- Hmm… si… Hide… ah gime más fuerte…
- Hng… d-deja de decir ah cosas vergonzosas… - reí.
- Ahh…
A pesar de sus quejas… sus gemidos aumentaron considerablemente, pronto noté que era debido a que había alcanzado aquel punto de su cuerpo que le ponía la mente en blanco, entonces me pegué más a él listo para sostenerlo si sus piernas fallaban y aceleré el ritmo que llevaba contra su pequeño cuerpo.
- Mierda ahhh…. Ya-chan… hm más rápido… m-mas…
Aquellas palabras eran el aviso del orgasmo que venía, conocía bien a mi Hide, y yo no estaba mejor, mi cuerpo estaba tan ansioso que sabía que no tardaría mucho, en especial… porque la posición, la ropa y el lugar, hacían a mi pequeño rubio más estrecho de lo normal. Pronto sentí mi propio orgasmo aproximarse, así que tomé la erección de Hide para ayudarle a terminar a mi lado. Tras lo que me parecieron eternos minutos, sentí su cuerpo tensarse y vi sus labios abrirse mientras soltaba un último grito que me hizo terminar en su interior a mí, de la pura y simple excitación de escuchar su placer, mientras ahogaba mi grito contra sus labios y me apretaba contra el gracias a la tensión.
Ninguno se movió ni dijo nada, simplemente nos quedamos así, escuchando al otro recuperar la respiración y el control de nuestros cuerpos lentamente, y de la misma forma, lenta, me separé de el luego de dejar un beso en su nuca. Sin importar que estaba sucio de mi mismo me subí la ropa aún jadeando y observándolo a él hacer lo mismo antes de girarse a mirarme con una de esas sonrisas que me robaban el alma. No dijo nada, se abrazo a mi y tras besarnos una última vez, presioné el botón que terminaba la magia de nuestro encuentro para llevarnos a la habitación.
- Casi parece un desperdicio que tengamos un cuarto… - comentó con la cabeza apoyada sobre mi hombro y los ojos cerrados. Me encogí de hombros
- Siempre es bueno poder dormir contigo, además necesitamos un baño
- Hm… - asintió por toda respuesta, no teníamos demasiado que decir, el sabía lo que yo sentía por el y yo lo que el por mi, el sabía que era la única persona capaz de calmar mis inseguridades de subir al escenario y yo sabía que el disfrutaba conmigo tanto como yo con el. Nada en la vida podía pagarme aquellos silencios tan perfectamente cómodos.
En cuanto llegamos a nuestra habitación, me deje caer en la cama mientras Hide preparaba la bañera, me encantaba bañarme con el, bañarlo yo mismo y descubrir los pequeños cambios que su cuerpo tenía siempre, los tonos de su piel que cambiaban debido a la estación del año y al sol, si se había depilado, si no lo había hecho, si había alguna marca de caídas, todo me interesaba. Y el hacia lo mismo conmigo, generalmente para regañarme por no cuidar de mi mismo.
Me descubrí a mi mismo riendo, mi ansiedad por el me dejaba muy claro que pagaría mil habitaciones únicamente para pasar la mitad de la noche, y miles de chocolates si eso era lo que necesitaba para convencerlo de ir a mi. Recordé entonces la bolsa olvidada en el elevador y reí en mi propio chiste privado antes de girar el rostro hacia la puerta del baño y levantar la voz para hacerme oír.
- Te compraré más chocolates esta noche, tendrás que venir por ellos.
La sonrisa que asomó por la puerta del baño terminó de borrar cualquier cosa de mi mente, me levanté y caminé hacia el baño, la noche era joven, pero nosotros no teníamos tiempo que perder.
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