Los ojos dolidos de ambas mujeres, dolores por los que pasan pocas… o quizás no tan pocas, pero pocas veces se sabe, se encontraron en la barra de aquel bar, no necesitaban preguntarse sus nombres, ambas sabían perfectamente que la otra era a quien esperaban ver, ambas bien conocidas, elegantes, bien vestidas, señoras que representan con toda la dignidad el título y que se tratan con respeto en todos lados, por simple presencia. Tras un intercambio de tristes sonrisas se acercaron y sentaron juntas.
- Bueno… una desgracia conocerte en estas circunstancias… cualquiera diría que debimos conocernos en un evento – dijo la que tenía la dignidad herida pintada en la cara, y aun así, como pocas lo logran, la llevaba tan bien puesta que se le veía bien.
- Dada la situación… dudo que nos hubiéramos encontrado en alguno, ni siquiera pienso que estaríamos invitadas, ya sabes… ellos…
- Lo sé – interrumpió de inmediato la que parecía más fuerte, más decidida y menos afectada a pesar de que el dolor en los ojos de ambas era palpable – el evento que fuera… donde fuera, siempre… - soltó una pequeña risa, de esas que duelen, que apenas pueden llegar a mover los labios hacia arriba, más para liberar tensión, de esas que usamos cuando nos avergüenza mostrar debilidad – debí darme cuenta desde el principio… tenía más sentido pensar mal… en fin… ¿algo fuerte?
- Por favor…
Tras pedir unos buenos tragos, beberlos de golpe, beber otros dos igual y pedir una copa para llevarla tranquila después, el mesero las dejó a solas, la incomodidad de dos mujeres que no se conocen compartiendo un secreto no es algo en lo que un hombre desee meterse, jamás.
Bebiendo en silencio, sus mentes estaban en la otra, en los otros… ¿Qué iban a hacer? ¿Ir al hotel? ¿Juntas? ¿Separadas?
- Es humillante…
- Si… me duele más que pensara que soy tan estúpida que me tragaba sus mentiras – unos ojos oscuros se posaron en los ajenos, la más alta tomó la mano de su acompañante por aquella cruda noche, una mano temblorosa, una mano que tienen las que han vivido poco dolor y no saben lidiar contra el aún, y la apretó intentando darle fuerza – estaremos bien… perderemos unos idiotas y ganaremos una hermana, aunque sea de una mala situación… - le sonrió – salimos ganando más nosotras.
Ella sabía bien lo que decía, algo como lo que estaban viviendo… solo podían comprenderlo ellas mismas, nadie más aunque se le explicara, porque el dolor no se describe, se siente, y se siente en lo más profundo de la piel.
Tras un pequeño asentimiento la más baja apuro la copa e hizo señas al mesero, tras rellenar sus vasos nuevamente, se miraron.
- ¿Qué vamos a hacer?
Más silencio. Cuando dos mujeres se encuentran, se dice que existe siempre un pequeño odio entre ellas, porque una es más bella, porque otra más delgada, porque la ropa de una es hermosa, porque el cabello de otra es perfecto… porque las mujeres viven en competencia constante. Pero es cuando el sabor a traición de parte del sexo opuesto llena sus vidas, cuando solo otra mujer puede entender lo que están pasando, es ahí cuando las hermanas nacen, cuando las mujeres se unen de corazón. Siempre son los hombres la causa de la unión, porque sólo las mujeres entienden lo que pasan por su causa.
- Dejarlos ir, pero sabiendo que no engañan a nadie… no vinimos a hacer escenas, vinimos a arrancarles nuestra dignidad de las manos y llevarla de vuelta a casa.
La duda en los ojos de la otra fue grande, reiniciar la vida que conocías no es sencillo, ambas lo sabían. Pero una lo deseaba y la otra lo temía.
- ¿Acaso lo quieres todavía?
- Querer a alguien no desaparece así como así
- Pero… ¿a tu lado?
- No… no sería…
- No, no lo sería, nunca más… lo que fue una vez, porque ahora sabes… y eso no se olvida
Tras un par de horas de intercambiar llanto, risas y suspiros se pusieron de pie.
Era un acto de amor propio, era recuperar la vida, deshacerse de la paranoia, de las mentiras… de las traiciones. Era nacer de nuevo, dejar ir para poder recibir nuevamente, y a eso iban.
Fue en el estacionamiento privado de un lujoso hotel donde se sentaron en un auto a esperar, donde se bajaron, donde los vieron salir de la mano… Ahí su valor nació, su hermandad llegó y el valor las inundó.
Ahí mismo donde los enfrentaron
A sus parejas
Sus hombres…
Sus mentirosos
Sus hermosos traidores, aquellos que le mentían a Japón, a su banda, a ellas…
Los que ya no eran suyos…
Ya no
Porque ahora se pertenecían mutuamente.
Describes perfectamente las emociones, los sentimientos, extraño leerte, decir que me encantó es poco, pero...me encantó, gracias y espero que sigas escribiendo.
ResponderEliminarEli... gracias por leer!! Y por comentar!! Quiero seguir escribiendo pero no es tan fácil ahora jaja, intentaré que sea más seguido, gracias <3
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