sábado, 5 de marzo de 2016

A PUERTA CERRADA

Caminaba por el pasillo del hotel, directo a mi romance con aquella puerta, con la voz que amaba y el rostro que desconocía. ¿Suena tonto? Haberme enamorado de una voz, de unos pequeños segundos al día, pero yo ansiaba terminar el trabajo cada jornada para poder volver a ese pasillo y sentarme en el suelo, recargar la espalda en aquella puerta y cerrar los ojos.

Y entonces ella comenzaba a cantar. Llevaba ya una semana escuchándole a escondidas, con un enamoramiento tonto por estar ahí tirado sintiendo la adrenalina que el miedo de que esa puerta se abriera me daba. No era que no quisiera verla, me moría de curiosidad por verla, pero temía que si llegábamos a vernos y no nos gustara lo que nuestros ojos captaban… la magia se perdería. Y yo necesitaba mis minutos diarios a solas con esa puerta, me tranquilizaba, me relajaba…

La primera vez que había escuchado aquella voz había sido simplemente porque estaba aburrido y paseaba por los pasillos del hotel. Pero cuando había pasado frente a su puerta su voz me había atraído como un imán, la escuche atentamente y cuando pensaba retirarme esa voz comenzó con una canción que yo amaba y creía que nadie conocía. Me atrapó. Cuando descubrí que cada día a la misma hora ella cantaba esa melodía me hice adicto a estar allí escuchando.

Así pasaron los días, trabajo, puerta, voz… trabajo, puerta, voz… Entonces el ultimo día en que podría escucharla llegó. Como una despedida compre la mas hermosa rosa roja que encontré en las tiendas e hice que le pusieran una tarjeta.

“Gracias por las dulce melodías”

La dejé a los pies de su puerta, le lance un beso y con un ultimo suspiro dejé que mi Staff me arrastrara con todo y maletas, debíamos preparar todo para irnos temprano a la mañana siguiente. Me entristecía dejar mi pequeño vicio atrás pero… bueno, no sabía nada de la persona que estaba tras esa puerta, nada excepto que amaba la misma canción que yo y que estaba enamorado de la idea de su voz.

Cuando salíamos del hotel a la mañana siguiente escuche un par de elegantes tacones acercarse al mostrador, la hermosa mujer que encontré al girarme a ver, entrego la llave de su habitación también y se dio vuelta hacia la puerta, hacia donde yo me encontraba. Me quedé helado cuando al pasar por mi lado pude ver entre sus dedos una rosa de intenso color rojo que combinaba con sus labios salidos de una estrella de los años 50’s. La observe salir, tomar un taxi y desaparecer en las calles. Sonreí, ella era hermosa, me había regalado hermosos momentos sin saberlo y llevaba mi regalo entre sus dedos. Para un romance contra una puerta cerrada no me había ido mal ¿Verdad?. Mire un poco mas por donde se había marchado y volví a mi realidad, debíamos llegar pronto al aeropuerto. Yo estaba impaciente por sentarme en el avión y escribir la canción que llevaba dando vueltas en mi cabeza desde que esa voz había entrado por mis oídos la primera vez.

Todo fue normal, maletas, registro, papeleo, larga espera, abordaje… Y entonces cuando levante la vista para tomar mi asiento, casi me tiro a llorar, a reír, de rodillas a darle gracias a la vida, si, a ella, la vida que tenia que estar haciéndome una broma. Si, ahí estaba ella y no conforme con eso me sonreía. Rendido me acerque de inmediato, ¿A quien engañaba? Yo quería saber mas. Me senté a su lado.

La bella voz del hotel tenia rostro, tenia nombre, me miraba…


La canción tendría que esperar.





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