Contra la ventana del bus, apoyo la cabeza. Presionado por el sueño, guardo los lentes en el bolsillo de la chaqueta. Mis ojos enfermos apenas distinguen las formas que se dibujan en el exterior. Dejo atrás una caravana de figuras, colores y sombras indistinguibles. Hay un desfile de recuerdos en mi cabeza. En el bolsillo, esperan su sentencia los últimos capítulos de una novela que me ha enternecido hasta los huesos. ¿Qué fuerzas caprichosas gobiernan la nostalgia? ¿A quién invitaré al próximo carnaval de serpientes?
No hay comentarios:
Publicar un comentario