jueves, 17 de marzo de 2016

KANPAI




ESTE FIC NO ES DE MI AUTORÍA, LA ESCRITORA ES AZULA TAKARAI ME PARECIÓ MUY DIFERENTE Y FUERA DE LO COMÚN Y MUY ARRIESGADO QUE ES LO QUE MAS ME ENCANTÓ, OJALÁ LO DISFRUTEN TAMBIÉN.

A través de mi historia he tenido muchos amores, hombres y mujeres, me ha dado igual, siempre obtengo el mismo resultado; me los cojo. 

He convertido a chicos buenos en malos y a los malos... Bueno, digamos que los he puesto a llorar como magdalenas al dejarlos en ridículo al encontrarse conmigo, el mayor hijo de puta que jamás haya nacido, amén.

Por varias prefectura he dejado amores que maldicen mi nombre y en otros países… mi país entero. 

Voy y como lo que me gusta, y cuando me canso, si es que sobra algo, lo desecho como quien termina con un mondadientes. Mi lema no es ¡vivan las relaciones sin ataduras! Porque las mías no llegan a tanto, que va, como mucho es sexo, porque he tenido acostones que son más fiasco que otra cosa. Pero eso es otro tema.

Yo follo. O meto, o saco. Nada más. Ese es mi juego.

Pero ,porque siempre hay uno…

Mi juego se tambaleó cuando el chico tras la barra deslizó un trago que no había pedido en mi dirección captando mi atención e informó en un susurró al oído que me lo habían enviado y que esperaba que lo aceptara.

-¿Un ron cola? ¿En serio?-me burlé, elevando el trago ante mis ahumados ojos buscando al niñato que osaba ofenderme así.

Y en la otra esquina de la larga barra lo encontré y quise reír hasta secarme y convertirme en abono. 

Era un muchachito. 



Como mucho me atreví a ponerle dieciséis años. Su porte chulesco y peinado de puntas me hizo saber que recién conocía del sexo y que necesitaba que le rompiera el... alma para que aprendiera que jugar en grandes ligas ,y más en las mías, era solo para los grandes.

Aunque tuve que admitir que tenía bonita cara y que olía muy, muy bien.

-Hablo inglés, pero no doy tutorías, cariño. La salida es por allá.

-H-Hola. Yo...

-Regrésate a tu cuna antes de que te encuentres con un monstruo y ya no puedas regresar a ella.

No iba dejarle siquiera hacerse películas en su estúpida cabeza de adolescente pajero; yo follaba con sementales, no con potros.

Le vi morderse el labio y carraspear bajito, muerto de vergüenza, y, lo admito, me reí al parecerse adorable. No todos los días un culito virgen se me ofrecía así. Quizá... Y ¿debía hacerle caso?

Me recargué en la barra apoyando mi mentón en mi palma, con la otra de uñas negras acariciando su suave mentón haciéndole estremecer y abrir sus ojos ante mi aparente cambio de opinión ante su "cortejo".

-¿Qué edad tienes, Baka-chan? Y si me dices dieciocho, te arranco la tráquea de un mordisco.

-¡Quince!











- ¿Y qué hace un niñato que apenas y logra no correrse ante el escote de su maestra detrás de una botella de vino como yo? - le sonreí, mostrándole mi perfecta y adorable sonrisa. Esa sonrisa que los atraía y volvía locos a todos. 

Oye, que jamás dije que era modesto.

-Me llamaste la atención.

-Mh.

-Me gustaste y q-quise...hablarle.

-Y ahora que hablamos...

-Etto,...

-¿Quieres follar conmigo, Gacchan? - Verle abrir sus ojos fue mi jackpot. Dulce e inocente niño. 

-¿Cómo sabes...?

-Me lo dijo el barman, tuviste que mostrarle tu ID falso para enviarme tan mala elección de trago, ¿recuerdas, Camui Gackuto? - Reí suavemente al verle asentir torpemente, rascándose su nuca. Qué inocente era. Joder. Lo único que nos faltaba era que apareciese un lápiz gigante y nos borrara un brazo para completar la atmósfera de manga mal dibujado que sentía a nuestro alrededor.

-Me gustaría - dijo, cuando me disponía a darle un trago al ron cola luego de darle un giro entre mis dedos.

-¿Qué?

-Follar contigo.

-¿Sabes siquiera lo que es un condón, Gacchan?

-Sé cómo hacerlo. Tengo quince años por Dios, no soy un niño.

Me dejó claro invadiendo mi espacio personal para susurrarme eso al oído, dándole una lamida que por un momento creí imaginar. El chico iba con todo. Oh my God.


-Apropósito ¿qué bebés que desprecias mi ron cola? ¿sangre?

-Casi. Bebo vino, como todo un hombre culto en cosas que... jamás comprenderás, ni verás, ni vivirás. Momento, te follaste la almohada, ¿y ya sabes follar? Qué lindo. Escucha, Gacchan, yo no me acuesto con niños. Follo con todo, menos con niños, ¿entiendes eso?

-¿Que eres un cobarde?

-Si te rompo el culo, vendrán tus padres a buscarme, aunque créeme que no me hallaran, y es un dolor de cabeza prefiero evitarme.

-Nunca dije que te invitaba a rompérmelo.

Eso me tomó por sorpresa viniendo de una dulce e inocente boquita como aquella. Me incliné sobre sus jugosos y carnosos labios y relamiéndome lo suficientemente cerca como la que sintiera mi húmeda lengua, pregunté.

-¿Entonces?

-Me acerqué a ti con planes de rompértelo a ti.

¿Escuchan eso? Es el coro de niños de Viena entonando el aleluya en la distancia. ¿Por qué? Porque hoy me follaba a un niño.

Aceptó la copa de vino que le tendí y yo mismo le serví con una mueca que pasaba por sonrisa y lleve la mía a los labios, viéndole sobre el carmesí líquido.

-Gacchan.

-¿Qué?

-Tienes cinco minutos para llevar tu virginal trasero a ese baño. Y, por tu bien, espero que hagas magia o lo de toparte con un monstruo va a pasar.

Y bebimos.

-Kanpai, Gacchan, Kanpai.-le guiñé.











Despaché con una mirada a todo aquello que respirase en el destartalado baño de lozas caídas que alguna vez fue verde y cerré tras el último antes de ser empotrado contra la puerta y tener al niño vestido cool y de negro usando piel sintética viendo mis labios como idiotizado.

-Gacchan - Ronroneé, antes de ser callado por sus labios.

Nuestras lenguas se friccionaron como si se tratase de un baile entre serpientes, iniciando así un beso que jamás detendría y dudaría de dar. Mis manos parecieron cobrar vida y viajaron desde su cabello al resto de su cuerpo, a su espalda bajo la chamarra, que pronto envié al carajo al necesitar más piel, misma que arañé y marqué con mis uñas mientras sonreía al sentirle gemir de dolor contra mi boca. En venganza, cosa que me gustó, sus dientes mordieron mi labio inferior.

A mí Gacchan le gustaba jugar rudo.

Se separó tirando de mi labio y guiñó, atrapando mis caderas.

-Nada mal. Pero puede estar mejor.

Le empotré yo ahora contra la pared y atrapé su nuca con todo y cabello para apoderarme de su aire y garganta, enviando mi lengua lo más hondo en ella, literalmente follándome su boca mientras le sentía apretar mis pezones sobre mi floja camisa y buscar aire.

-Así se besa.

-Ahh.

Gimió sonrojado, y reí mientras viéndole me abría la camisa al tiempo que él se sacaba la suya y tiraba por ahí para abrirse el pantalón y empujarme contra el lavado de porcelana negra, abrir mis pantalones, arrodillarse y llenarse las mejillas con mi dura y palpitante erección.

-¡Ahh!

Divina juventud.

Mi lastimado ego me exigió perdón al haberse puesto mi verga a mil con aquel simple y primer beso departe del chico. Pero joder. Sí que había sido rico. Gackuto sí que sabía cómo besar.

Y como chupar.

Me sostuve con todo y uñas del lavado con una única expresión de excitación y placer al ver mi latente erección perderse en aquella rosada y levemente hinchada boquita, la carita del joven Gackt sonrojándose ante las acertadas succiones que daba al ritmo de sus dos manos atendiendo de arriba abajo el problema que había causado.

Su rosada lengua salió y recorrió circularmente la punta del problema y luego bajó hasta la base, subiendo rápidamente entre besos, para inclinarse y tragarse todo hasta toser sin hacer amago de vomitar como quien hace estas cositas todos los días y volver a subir a coger grandes bocanadas de oxígeno, repitiendo todo lo anterior.

Dejé ir mi cabeza hacia atrás cuando su boca decidió que estaba chupando y probando el mejor helado de todos, mi cadera ya uniéndose a la faena, asegurándose de hundir muy hondo todo lo que tenía para él "jugar".

Soy un sucio de mierda. Era un niño. Un niño bastante juguetón.

Cuando pensé que me iba en un coma fui girado de golpe y mis nalgas separadas para sentir una húmeda y nada tímida lengua saludar mi rincón más oscuro, consiguiendo que mis ya de por sí grandes ojos se agrandaran y pusieran del tamaño de Osaka.

-Mu-muy osado, Gacchan... 

Reí encantado con la sorpresa pegando mi cara al espejo al inclinarme más y obviamente seguir gozando.

Con una última succión al lugar que me hizo tener un puchero unos segundos, se separó. Entonces vino lo bueno.

-Separa tus nalgas. Inclínate más. Más, dije.

Momento, ¿me acaba de nalguear un enclenque pajero a mí? Sí, y me encantó.

-G-Gacchan, no seas malo... No vayas a romperme, Gacchan.-lloriqueé como niña primeriza viéndole a través del espejo, agrandando su sonrisa.

-Oh, cariño, espero que te vaya lo hardcore porque va a dolerte.

Recuerdo que me reí como poseso burlándome de él y de su facha dominante, porque o sea... Tenía quince años y hablaba ya como la reencarnación del marqués de Sade, por favor, que más grandes me habían venido con el cuento de "dame tu señal para así saber cuándo contenerme y no lastimarte" y habían sido todo palabras, un total fracaso, imagínense él. 

Pero entonces le tuve hasta el esófago y supe que el pequeño no jugaba, y que estaba siendo follado por un potro de pura raza.

No pude mentarle la madre por ser abierto de esa forma, por empujar tan fuerte que hizo que me golpeara con el cristal y casi me rajara la frente, por tirar de mi ondulado cabello negro, no, porque mi mente decidió quedarse en blanco y dejarme ser azotado por ese Monzón categoría infame que iba escalando a mi top tres de favoritos.











Me gustó observarlo y ver que luchaba con ser el típico adolescente egoísta que le priva a su pareja de turno el placer que se merecía y sonreí apretando su mano sobre mi cintura al inclinarse y dedicarse a darme besos en la oreja y el cuello, buscando ponerme más duro de lo que estaba.

Sus gemidos me hicieron cerrar los ojos y centrarme en ellos, eran gruesos y roncos, ansiosos.

Le hice abrir los ojos y verme por el espejo al pedirle que me besara y ladeé mi rostro para encajar nuestras húmedas bocas mientras yo echaba hacia atrás mis caderas en forma circular para hacer más profundas las penetraciones y apretar su miembro con mi interior para hacerle gritar, gritos que recibí con regocijo contra mi boca.

Gackuto era delicioso. Su carne joven chocaba contra mis nalgas y hacía temblar y gemir su nombre. Su experta lengua endulzaba mi exigente paladar y sus manos ahora masturbando mi miembro me tenían al borde del colapso.

Un zumbido como de un millón de abejas ensordecían mis oídos, y lucecitas y estrellas nublaron mi visión en un parpadeo al, el ritmo de embestidas tornarse salvaje.

La vitalidad del niño estaba saliendo a la luz y yo gustoso me dejaría hacer y envolver en ella.

Nunca he amado, pero me he drogado. Y he de confesar que jamás una drogas me había golpeado tan duro como esa blanca de escasas primaveras y tan caliente como Camui Gackuto.

Me mordí el labio al verle cerrar y abrir la boca en una perfecta O al estás convertido en un animal, al ya no ser él, sino ser el amante perfecto.


Una imagen sumamente estimulante.

Su lengua nuevamente invadió mi boca y saboreé la divina dulzura de sus años y la inocencia que creía perdida en la raza humana y he de confesar que me noqueó y des colocó lo suficiente como para decidir que aquello no terminaría allí en aquel sucio baño, de aquel sucio club.

-¡Abran! ¡Con una mierda, hay gente que quiere mear, putos!

Él y yo reímos antes de unir nuestras bocas y de yo acariciar de forma dulce su sudada mejilla pues a diferencia mía él estaba bañado en aquel sudor que le daba un olor apetitoso, según yo, a otro quizá le olería muy dulzón pero yo encontraba que era el balance perfecto entre la perversión y lo bendito.

-Y-ya casi...

-Lléname, Gacchan, Ahh lléname.

Le pedí al sentirle salir y sentirle frotar su punta contra mi dura nalga, sonriéndole con inocencia, con esa inocencia sucia que me caracterizaba, abriendo mis nalgas, él no sabiendo que le mostraba mi lado oscuro.


Le volví a tener dentro hasta que ya no pudo más y grité su nombre al manchar sus manos de mi pringosa y blanquecina esencia.

Con una perversidad digna de un pequeño demonio calenturiento de su edad, tiro de mi pelo para juntar nuestras miradas y morderme el hombro, yo riendo ante otra de sus osadías. Me encantó que me hincara el diente, y más que se relamiera ante el sabor de mi piel, uno que se le antojó rico y desconocido pues volvió a morderme y no se despegó hasta que arqueo su espalda y dejó ir su cabeza hacia atrás al su cuerpo y verga dura tensarse y así llenarme con su caliente y espesa esperma.











Dicho así suena asqueroso, pero a mí me encantó. Y más, que terminó pero no salió rápido sino que se enderezó y sonrió todo tembloroso y sonrojado sin aún recuperarse del todo, del que obviamente había sido el mejor orgasmo de su vida y siguió moviéndose y embistiéndome un largo rato más hasta que estuvo seguro no hubo nada más que sacar a su pene. Las convulsiones no se nos habían pasado todavía cuando habló.

-No tienes que decir nada. Sé que te gustó, Hyde.

En algún momento mientras me tenía del pelo y sus labios contra mi oído había exigido mi nombre y ahí estaban las consecuencias; confianzas gratis.

Sonreí ante lo inocente que me pareció su comentario, aunque estaba en lo cierto, sí que me había gustado. Pero no se lo iba a admitir.

Al menos, no todavía.

Le sentí salir y me giré subiéndome la ropa sin importarme estar relleno y para freír.

-¿Te gustó a ti, Gacchan?











-Creo que fue bastante obvio.-sonrió.

-Bastante. Si lo sabrá el bar, gritas como niña. -molesté, recargándome en el lavabo, mis collares de cruces meciéndose sobre mis pezones. Su sonrojo me hizo, sonreír aún más - Eres bastante expresivo, me gusta.

-Porque me gustó.

-¿Te gustaría repetir?

-Obvio, pero pensé que no follabas a niños - Me dijo poniéndose su camisa y viéndome con una curiosa sonrisa. Yo simplemente le miré fijo, ladeando mi rostro.

-Tú eres de todo, menos un niño.

-¿Cuándo cambio eso?

-Cuándo me tenías gimiendo tu nombre y decidí que iba follarte con esta edad para la eternidad, porque iba a matarte después de tu último orgasmo humano. Sayonara, Gacchan - le soplé un beso ante su confundida mirada por mis palabras.

El crujir de su cuello al ser roto por mis manos de negro me excitó, y para cuando cayó al piso con sus ojos viendo a la nada ya estaba empalmado de nuevo.

Qué bueno que antes de enviarlo al otro barrio, le había enviado con pasaje de regreso directo hacia mis brazos. Todo gracias a las gotitas de mi sangre en su copa de vino. Luego que por qué no bebía otra cosa, já.

-¡Kanpai, Gacchan, Kanpai!

No hay comentarios:

Publicar un comentario