Nunca creí en historias de sustos, me gustan mucho, si, pero nunca me creí nada, incluso ahora mismo cuando aun no comprendo lo que vi una noche hace pocos años.
Tanto mi hermano como yo tenemos el mal hábito de fumar, en esos días éramos mas… discretos, supongo que es una buena palabra para describir la situación, el punto es que cuidábamos que mis padres no nos vieran hacerlo, no porque no supieran, mas bien era porque preferíamos ahorrarnos el sermón que venia cada que nos veían hacerlo.
En fin, el punto es que eso era precisamente lo que hacíamos, sentados en la banqueta frente a mi casa, con la espalda apoyada en el zaguán y las rodillas contra el pecho. Si no mal recuerdo era mas de media noche, así que no había gente pasando y muy pocos autos que pasaban en la esquina por la calle principal de la colonia hacia las calles que están mas abajo dela nuestra.
No era raro ver de vez en cuando las luces de un auto acercarse, pero siempre seguían derecho, nunca doblaban en nuestra calle hasta que un auto viejo, muy viejo lo hizo. Tenemos vecinos muy fiesteros así que tampoco era algo tan raro que un auto entrara. Pasó frente a nosotros y continuo hasta el final de la calle, ahí fue donde lo raro comenzó. El auto no se detuvo, simplemente dio la vuelta, creímos que se había equivocado y saldría de la calle pero al pasar frente a nuestra casa su velocidad comenzó a disminuir hasta detenerse por completo, un segundo después por alguna razón que sigo preguntándome comenzó a avanzar de reversa hasta detenerse justo frente a nosotros.
Mi hermano y yo no perdimos un segundo en meternos a la casa, cerrar la puerta del zaguán y espiar al auto por la mirilla de la puerta. Estábamos impactados por lo que veíamos. Ahora, esto sonará de lo mas estúpido pero es la verdad, del conductor únicamente lograba verse la forma del rostro, dos cuencas negras donde irían los ojos normalmente, dada la hora esto sería perfectamente normal si no fuera por la gigantesca sonrisa blanca que se veía claramente. Casi podía distinguir cada diente, pero… ¿los ojos entonces? Nada. Además su cabeza se movía de forma extraña, como si fuera una de esas figuras que llevan en los tableros de los autos. Estuvo ahí un rato, sonriendo hacía mi puerta, moviendo la cabeza… Supongo que asumió que la puerta no iba a volver a abrirse y que nadie iba a salir porque simplemente, sin cambiar la posición de su cabeza ni dejar esa escalofriante sonrisa volvió a arrancar el auto y se fue.
Esa fue la única noche que mi hermano y yo hablamos del tema ¿Quién carajos iba a creernos algo así? Nunca volvimos a ver el auto, porque si, a pesar de todo seguimos saliendo a fumar a la banqueta.
Esto no es un cuento de horror, no es una historia para asustar a los crédulos, es sólo la descripción de lo que una noche me pasó, de lo que vi, de lo que recuerdo perfectamente porque es una de esas cosas que no se olvidan fácilmente.
Es mas, es tan difícil olvidarlo que aun habiendo pasado años, si volviera a ver el auto saldría corriendo. No se que era lo que vi ni porque sucedió, pero algo en esa noche me dio la certeza de que fuera lo que fuera iba a hacernos daño.
El auto nunca volvió.
No hay comentarios:
Publicar un comentario